• “«Yo también te parí», parecía susurrarle a su cachorro, «pero por un camino de ramas y de sangre. Yo también grité de dolor cuando te traje al mundo. Detenida frente a la muerte, troqué mi memoria por tu felicidad, mi salud por la tuya. Y los dioses escucharon, y me dijeron que eras mío. Y te tomé en mis brazos y te amamanté con ese río aceitoso que me brotaba del pecho, y el mar llegó hasta la ciudad y trajo consigo peces nunca vistos que cantaban para tu sueño canciones saladas como lágrimas, y la luna bajó muy cerca y yo agradecí al viento porque lo sentía en tu rostro, y agradecí a la arena porque era el patio de nuestra casa, y también estuvieron las reinas magas con sus regalos de morondanga, asustadas, con los dientes cantando de miedo en la boca. Viniste al mundo por un pasillo de sangre y de hielo, el aliento se hacía nieve en el aire, y vos, rey”

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